
Guardiola tenía razón
El DT de Barcelona hacía bien en no fiarse del Real Madrid en la revancha de la Copa.
Lo mencionamos en la columna previa a la vuelta de cuartos de final de la Copa del Rey: Josep Guardiola sabía que el Barcelona no podía relajarse. En sus palabras: "No me fío ni un pelo del Real Madrid".
Y lo bien que hizo. Los de José Mourinho estuvieron muy cerca de concretar la hazaña de dar vuelta la eliminatoria en el Camp Nou, y el 2-2 final no fue reflejo de lo sucedido en el campo de juego, donde por primera vez desde que nació la rivalidad entre los dos técnicos, el equipo blanco completó 90 minutos de superioridad.
Barcelona se encontró con un Real Madrid con el cual jamás se había encontrado en esta era: uno que salió a disputarle el protagonismo y a plantarse de una manera ofensiva, tanto en ataque como en la presión sin el balón. Así fue que salió un partido abierto, en el que Barcelona sufrió durante más de media hora, luego se encontró con dos goles de ventaja que no merecía y terminó igualado y acorralado, aguantando el mínimo gol de diferencia que finalmente lo clasificó.
De alguna manera, Guardiola estaba en guardia: por algo repitió su equipo titular (más allá del cambio de arquero ya habitual para la Copa), algo que indica la seriedad con la que se tomó el compromiso. Aún con un plantel mucho más limitado que el de su rival y en una temporada en la que sufrió muchísimas lesiones, eligió poner lo mejor que tenía disponible para no arriesgar la eliminatoria.
No esconder la realidad es una señal de inteligencia para cualquier técnico. Uno, cuando se calza el buzo, sabe que por más que se pueda intentar esconder hacia afuera, es imposible hacia adentro del grupo, donde siempre hay que hacerle ver a los dirigidos las cosas tal cual son.
En el fondo, Guardiola sabe a la perfección que no tiene mucho para regalar. Tiene al mejor equipo del mundo, pero con un recambio no muy extendido, y además, a esta altura de la temporada y en un momento tan exigente, en el que jugará dos veces por semana durante más de un mes, no puede perder de vista cómo se encuentra su plantel a todo nivel, en lo futbolístico y en lo físico.
Que haya sacado tres titulares el domingo y que probablemente haga lo mismo el fin de semana ante el Villarreal es una muestra de ese conocimiento, y si continúan las lesiones, cada vez tendrá más decisiones que tomar.
Con Iniesta afuera, debería entrar Thiago en su lugar. Hay una diferencia importante de jerarquía, cosa que no sucede en el Real Madrid, donde casi no se nota un cambio entre Benzema e Higuaín, Di María y Kaká o Pepe y Carvalho, por ejemplo.
En ese juego de poner y sacar, Mourinho dio en la tecla, no tanto en los nombres sino en la actitud táctica que tuvo su equipo. Por primera vez, Real Madrid manejó el partido claramente, creó más situaciones que el Barcelona y debería haber sacado dos goles de ventaja en la primera media hora, si Higuaín hubiera estado más preciso y si la suerte hubiera ayudado a Ozil en un disparo que dio en el travesaño y luego picó en la línea.
Pero como dice ese viejo lugar común del fútbol, lo que no se concreta en el arco contrario se sufre en el propio. Así fue que en la primera situación realmente clara del Barcelona (antes hubo una contra que Messi remató afuera), el recién ingresado Pedro definió con su habitual frialdad tras otro servicio genial de Messi.
Real Madrid sintió el golpe y vimos un rato del Barcelona clásico, con más posesión, que encima dejó casi sentenciada la serie con un golazo de Dani Alves, al que igual sería interesante ponerlo toda la semana a practicar para ver si consigue repetir ese remate con tanta precisión.
Así llegamos a un descanso en el que Barcelona se fue al vestuario con un 2-0 a favor que era todavía más injusto que el 1-0 en contra que sufriera la semana pasada, a la misma altura, en el Bernabéu.
Lo que vino después del entretiempo es lo que más debería preocupar a Guardiola. Por segunda vez seguida luego de nueve partidos sin goles en contra como local, el Barcelona desperdició una ventaja de 2-0 (antes lo había hecho ante el Betis por Liga). Pero más grave aún es cómo se dejó empatar.
El Barcelona se dejó estar y, si bien intentó lo de siempre, el control de balón, lo hizo en una zona en la que no lastima. Terminó jugando en una zona periférica en la que no crea peligro. Y acá es donde creo que se nota la ausencia de David Villa, a quien no se lo aprecia tanto cuando se lo tiene, pero al no estar se le extraña, por esa presencia de área tan importante para cerrar los partidos.
Para peor, el miércoles Alexis Sánchez no tuvo una actuación feliz, a diferencia de lo que había hecho en la ida. Cada vez que entraba en contacto con los defensores iba al piso, e incluso en una de esas caídas se terminó lesionando. Me atrevo, por mi experiencia como delantero, a darle un consejo: que use su porte físico, que lo tiene, y que evite terminar derribado en cada jugada, que de tanto estar en el suelo, no le van a terminar cobrando nada.
A su lado tiene el mejor ejemplo de un jugador con mucho menos tamaño que él, pero que solamente cae cuando le pegan en serio: es ni más ni menos que Messi. Lo mejor que puede hacer es seguir ese camino y así mantener ese puesto que se ganó tan rápida y merecidamente, porque realmente tiene muchas condiciones.
También voy a profundizar algo que dije antes de la ida: los laterales tienen que ser primero marcadores y después salida. No se pueden olvidar de los principios de la marca. En el Bernabéu, Cristiano Ronaldo le ganó la espalda a Dani Alves antes de anotar el primer gol. El mismo Cristiano aprovechó el error de Abidal, que le cedió el interior, para anotar el descuento en la vuelta. Ante estos jugadores, los defensores no pueden olvidar ni un segundo su función primordial.
En definitiva, el Barcelona terminó más ajustado que nunca, despejando de punta hacia arriba como pocas veces se lo ha visto. Y no estoy criticando ese recurso: como muchas veces lo dije, he visto hasta a Beckenbauer pegándole a la tribuna. Eso es un signo de inteligencia cuando no hay recurso mejor disponible, pero también es una muestra de que, esta vez, al Barcelona lo exigieron al límite.
¿Qué ganó entonces el Real Madrid, si quedó eliminado? Una enorme tranquilidad, porque se siente mucho mejor en lo anímico que la semana anterior, y además puede mirar a futuro de otra manera, sabiendo que los duelos contra el Barcelona ya no están perdidos de antemano.
¿Se animará Mourinho a hacer un planteo similar, con jugadores como Kaká y Ozil, que le dan un peso ofensivo mucho más contundente? Es muy probable que lo haga ahora que vio que la apuesta pagó sus dividendos, y de paso vale la pena repetir el dato de que cuando jugaron juntos el brasileño y el alemán, el Real Madrid sigue sin perder.
¿Será suficiente para volver a complicar al Barcelona? Eso ya es pura especulación, pero será bueno comprobarlo o refutarlo cuando se vuelvan a enfrentar por la Liga y, quien sabe, en un cruce de UEFA Champions League.
Felicidades.
Carlos Bianchi




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