
Lo mejor de 2011: Uruguay, rey de América
Cuando comienza una Copa América es inevitable pensar que Argentina o Brasil tienen todas las posibilidades de levantar finalmente el trofeo. En la edición del ya pasado año se esperaba mucho de Neymar y de Messi, a quienes se veía capaces de llevar a canarinhos o albicelestes hasta el triunfo final. Se contaba con Chile, ya sin Bielsa pero con la huella del Loco, como la posible gran alternativa. Pero no se hablaba demasiado de la que había sido la mejor selección sudamericana en el pasado mundial al alcanzar el cuarto puesto ni de su estrella, un Forlán que había sido Balón de oro en Sudáfrica. Finalmente la Celeste supo aprovechar sus virtudes y minimizar sus defectos y así alzarse con una Copa América que no pasará a la historia por su buen fútbol.
Uruguay es honesta en su propuesta: que nadie espere ver un fútbol elaborado donde haya que sacar escuadra y cartabón. Arévalo Ríos y Diego Pérez fueron los encargados de morder al rival en el centro del campo. Álvaro González y Pereira, una de las revelaciones y que despertó el interés de Chelsea y Liverpool, se ganaron también un puesto en el once. Por delante de ellos Forlán, que en la selección deja de ser nueve para convertirse en diez: maneja, distribuye, manda y lidera. Deja de ser un goleador para convertirse en algo más. Luis Suárez fue el estilete, segundo máximo goleador del torneo con cuatro tantos, dos de ellos en semifinales y uno en la final, y nombrado mejor futbolista del torneo. Una lástima que hoy en día sea portada por otras cuestiones.
El equipo de Óscar Washington Tabárez —elegido por la IFFHS mejor seleccionador del año por delante de Vicente Del Bosque y Joachim Löw— no necesitó siquiera la mejor versión del futbolista uruguayo más cotizado del momento, Edinson Cavani. El delantero del Nápoles se ve relegado en la selección a escorarse a banda y dejar el centro para Forlán y Suárez, al contrario que en San Paolo, donde Lavezzi y Hamsik le arropan desde segunda línea. Cavani terminó siendo suplente al apostar Tabárez por blindar el centro del campo con un hombre más y quitar una pieza del tridente ofensivo. No obstante la idea era la misma: fútbol directo, escasa posesión en el centro del campo y buscar con la mayor premura a las estrellas de ataque. Lícita forma de ganar como otra cualquiera.
La defensa fue otro de sus puntos fuertes y el sevillista Cáceres, lateral zurdo, y sobre todo el central Lugano sus referencias. Sin lugar para la elegancia ni reservas para la galería, pero con una efectividad máxima. El lateral derecho Maxi Pereira y el central Coates, que le ganó la partida al atlético Godín, fueron habituales. Detrás de ellos Muslera, hoy portero del Galatasaray turco que fue decisivo en varias ocasiones, principalmente en cuartos al detener a Tévez un penalti decisivo en la tanda.
La selección charrúa fue de menos a más, ganó su decimoquinta Copa y se convirtió en rey de América al superar a Argentina, que cuenta catorce y jugaba en casa. La selección de Batista, con un gris Leo Messi, fue la gran decepción. También lo fueron Neymar y Brasil, que cuentan ocho entorchados y que se quedaron fuera en cuartos ante Paraguay, que llegó a la final sin ganar un solo partido. Surrealista. Sin tantas estrellas pero con un bloque definido, el equipo por encima de todos y unos jugadores que saben perfectamente lo que tienen que hacer sobre el césped, Uruguay fue justa campeona confirmándose como la mejor selección sudamericana del momento.
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